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La larga sombra de Anonymous

Durante los últimos meses han proliferado los ‘ciberataques‘ a lo largo y ancho del planeta, la mayoría de ellos con un cierto carácter reinvindicativo, de protesta o incluso por venganza. ¿Es posible combatirlos?

Anonymous cobró relevancia desde hace meses como el movimiento más activo, aunque no es el único. Especializado en ataques de denegación de servicio (DoS), este ‘grupo’ descentralizado, que huye de identificaciones personales, tiene por bandera sobre todo la libertad de expresión.

Sus objetivos no pueden ser más variados, desde gobiernos como Egipto Bahrein, Marruecos y Jordania, hasta compañías como PayPal, Martercard o Visa. En España se hicieron notar ya desde el año pasado, con ataques a la SGAE y al Ministerio de Cultura, han continuado este año, tanto en Internet como fuera de ella. En los últimos meses los ataques han ido escalando en relevancia.

Así, Anonymous inició una dura campaña contra sitios web de Sony, como venganza por las acciones judiciales que esta compañía inició contra los ‘hackers’ que lograron comprometer el sistema ‘antipiratería’ de la consola PlayStation 3.

Mientras la compañía nipona trataba de poner freno a estas actividades (llegó a firmar un acuerdo con el ‘hacker’ George Hotz), Anonymous se dedicaba a ‘tumbar’ sitios web de la compañía. No obstante, el ataque más grave, aquél que puso patas arriba la red PlayStation Network y expuso datos de más de 100 millones de usuarios en todo el mundo, no tiene una atribución clara, a pesar de las insinuaciones de la compañía. El propio grupo Anonymous negó estar detrás del mismo.

Las detenciones de presuntos miembros no han cesado en varios países, como la de un joven de 16 años en Holanda, varios arrestados en el Reino Unido y EEUU, 32 en Turquía o tres en España, éstos últimos considerados como ‘cúpula’ del movimiento (lo que provocó nuevos ataques y ciertas mofas en la Red), a pesar de que Anonymous se define como un movimiento descentralizado y distribuido, sin ‘jefes’.

La policía ‘no es tonta’

El abogado especializado David Maeztu apunta que quizá la Policía española “no es tonta” al considerar desarticulada la ‘cúpula’ de la organización Anonymous -y calificarla de “organización criminal”- en nuestro país. ¿La razón? “La policía trata de buscar la manera de elevar el nivel del delito” para saltarse ciertas limitaciones legales.

“Perseguir a alguien por los delitos de denegación de servicio se enfrenta al problema de que no se puede identificar a quien está detrás de una dirección IP porque el delito de daños no es un delito grave, ya que la pena es inferior a 5 años de prisión”, recuerda Maeztu.

Y por eso la policía insiste en “reconducir todo lo que tenga que ver con Anonymous” hacia un delito de pertenencia a una organización criminal (570 bis del Código Penal), que prevé prisión de tres a ocho años.

Otra cosa, remarca el abogado, es cómo conseguir acreditar que Anonymous sea una “organización criminal”, algo que la ley española define como “la agrupación formada por más de dos personas con carácter estable o por tiempo indefinido, que de manera concertada y coordinada se repartan diversas tareas o funciones con el fin de cometer delitos, así como de llevar a cabo la perpetración reiterada de faltas”.

No sólo Anonymous

Mientras, otros ‘ciberataques’ han copado la atención en todo el mundo. Especialmente activo ha sido el grupo LulzSec que, según el sitio especializado CNET News, surgió prácticamente de la nada y comenzó a publicar sus actividades en mayo, motivados por la mera ‘diversión’ y no tanto por la política o la protesta.

Algunos de sus ataques han sido contra la cadena PBS, sitios de Sony, Nintendo, Bethesda o el propio Senado de EEUU.

CNET News cita otros personajes que han reivincidado ataques ‘online’ de importancia recientemente, como Idahc, identificado como un ‘hacker’ de 18 años y libanés, que reivindica el reciente ataque al sitio web de Sony Ericsson en Canadá, entre otros.

¿Gobiernos?

Por último, existen crecientes sospechas de que determinados ataques no han sido realizados por grupos de ‘hackers’ activistas, sino que cuentan con el respaldo de organizaciones e incluso de gobiernos. Y China aparece casi siempre en la lista de países acusados de ‘ciberintrusismo’.

Uno de los ejemplos más recientes fue el ataque a cientos de cuentas de Gmail, aparentemente proveniente del gigante asiático. Google ya venía denunciando intentos de ‘cibertintrusismo’ provenientes de China desde 2009. Pekín niega sistemáticamente cualquier relación con estas actividades.

Otras acciones, como los realizados contra la firma de seguridad informática RSA o Lockheed Martin, el mayor contratista del Pentágono, sugieren que “la amenaza de un ataque informático catastrófico es real”, tal y como afirmó hace meses la senadora republicana estadounidense Susan Collins. De hecho, recientemente EEUU anunció que estudiaba considerar como ‘actos de guerra’ los ‘ciberataques’ más graves.

Mientras, los países comienzan a tomarse muy en serio el alcance que pueden llegar a tener estos ‘ciberataques’. Algunos como Corea de Sur, una de las naciones más conectadas del planeta, han puesto en marcha ambiciosos planes de protección de sus redes.

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